El dolor – León Felipe

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre...
 
He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto, una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Como aquella nube Blanca – León Felipe

Ayer estaba mi amor
como aquella nube blanca
que va tan sola en el cielo
y tan alta,
como aquella
que ahora pasa
junto a la luna
de plata.
 
Nube
blanca,
que vas tan sola en el cielo
y tan alta,
junto a la luna
de plata,
vendrás a parar
mañana,
igual que mi amor,
en agua,
en agua del mar
amarga.
 
Mi amor tiene el ritornelo
del agua, que, sin cesar,
en nubes sube hasta el cielo
y en lluvia baja hasta el mar.
 
El agua, aquel ritornelo,
de mi amor, que, sin cesar,
en sueños sube hasta el cielo
y en llanto baja hasta el mar.

Esta noche no hubo Luna – León Felipe

Ahora camino de noche
porque las noches son claras...
Y esta noche no hubo luna,
no hubo luna amiga y blanca...
y había pocas estrellas,
pocas estrellas y pálidas...
 
Y era todo triste sin la luna amiga...
y era todo negro sin la luna blanca.
 
No se veía la cinta
de la carretera larga...
los olivos del recuesto
apenas se dibujaban...
un murciélago pasó
rozándome la cabeza con el ala ...
y me ladraron los perros
en los bancales con saña.
Sin luna todo era negro y triste...
vi una luz allá lejana...
y, a tientas, fui hasta la luz
y en la luz pedí posada...
 
Esta noche no hubo luna...
no hubo luna amiga y blanca...
Y recordé aquella noche
en que no vino mi amada...
 
y en que yo loco de amor,
lleno de fiebre y de ansias...
hice también alto
en la primera posada...


Cómo se habla con Dios – León Felipe

Aquí en el cielo no hay retórica, ¿verdad?,
le pregunto a un ángel amigo mío.

Todos los ángeles son amigos míos,
pero a éste no le había visto nunca.

El ya me conocía,
sabía mi nombre y mi mote.

Pero me dijo: No, amigo,
aquí todos hablan con voz natural.
Nadie engola la voz.
Aquí no hay tenores, ni falsete,
ni retórica, ni hipérbaton.

A Quevedo y a Góngora
los hemos mandado al Olimpo.

Sencillez, claridad,
es lo que aquí se estila:
la voz es lo que Dios cuida más.

– Pero, si Dios no habla nunca.
Yo le he llamado muchas veces,
y nunca me contesta.

– Porque no le hablas con la voz que a Él le gusta.
Tú gritas mucho,
y a Dios, como a los mexicanos,
no les gusta que les hablen «golpeando».

Modérate, modérate, amigo,
y habla más bajo.

– Esto me enseña
que debo ir aprendiendo
cómo se habla con Dios.