Está bien de Amado Nervo

Porque contemplo aún albas radiosas

Y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas
En que tiembla el lucero de Belén,
Y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas
Gracias, ¡está bien!

Porque en las tardes, con sutil desmayo,
Piadosamente besa el sol mi sien,
Y aún la transfigura con su rayo:
Gracias, ¡está bien!

Porque en las noches una voz me nombra
(¡Voz de quien yo me sé!), y hay un edén
Escondido en los pliegues de mi sombra:
Gracias, ¡está bien!

Porque hasta el mal en mí don es del cielo,
Pues que, al minarme va, con rudo celo,
Desmoronando mi prisión también;
Porque se acerca ya mi primer vuelo:
Gracias, ¡está bien!

La canción de flor de mayo de Amado Nervo.

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.

Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia                                                                       
a los que se han intoxicado de filosofía.

Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.

Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.

Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.

Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.