LOS AMIGOS – Julio Cortázar

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.

Te amo como eres – Jaime Antonio Aranda

Te amo como eres porque el amor no conoce de olvido
Extraño lo perdido aunque fuiste invierno y estío
 
Te amo como eres con tus sumas y tus restas
Camino en el arcón de unos latidos que no cesan.
 
Te amo como eres porque amo tu sonrisa
Y mi mundo se detiene aunque sea fugaz caricia.
 
Te amo como eres y no quiero cambiarte
Con tus gritos de silencio y tus miradas fulminantes.
 
Te amo como eres aunque no te agraden mis canciones
Y aunque mis sueños no vivas yo viviré en realidades.
 
Te amo como eres y tú sabes que te amo
Aunque a veces disimules como yo también lo hago.
 
Te amo como eres porque sé que amarte fácil no será
Pero nada que importe en la vida si cuesta lo valdrá
 
Te amo como eres porque hoy sé que es el amor
Porque amar es aceptar y no cambiar a quien se amo
 
Te amo como eres porque hoy por fin me amo a mi mismo
Porque camino de presente y del pasado termino
 
Te amo como eres porque yo soy lo que nunca serás
Y tú eres lo que yo nunca sería de verdad
 
Te amo como eres de días de tiempo, de edades
Te amo de extraños amores porque aún no sé porque te amo
 
Te amo como  eres como rosa que  ama una espina
Porque aun cuando le duele vivir sin ella no podría
 
Te amo como eres con tu orgullo y tus manías
Te amo para amores de estar juntos una vida
 
Te amo como eres y cuando leas estas carta
Sabrás que fuiste tú quien escribió de sus líneas.

Los adioses – Rosario Castellanos

Quisimos aprender la despedida
y rompimos la alianza
que juntaba al amigo con la amiga.
Y alzamos la distancia
entre las amistades divididas.
 
Para aprender a irnos, caminamos.
Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,
los verdeantes prados.
miramos su hermosura
pero no nos quedamos.

AÑO NUEVO – Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

De su ventana, tras el verde herraje, 
entre flores de invierno prisionera, 
una mujer, humana primavera, 
teje, soñando, delicado encaje. 

Sus manos, palomitas sin plumaje, 
hacen labor paciente y duradera, 
y su alma, mariposa volandera, 
libre va de un paraje a otro paraje. 

Se lleva un año muertas ilusiones: 
ni amor de novio, ni amistad de amigo.. 
. ¿Dónde están los amantes corazones? 
Y entristecida, y sola, y sin testigo, 
piensa, al calor de ocultas emociones: 
"¡Ven, Año Nuevo! ¡Y el amor contigo!" 

Último brindis – Nicanor Parra

Sólo Poemas

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.
Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.
Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.
Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó…,
                       como la juventud.
En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

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Desmayarse, atreverse, estar furioso – (Lope de Vega)

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
 

Presencia – José Emilio Pacheco

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¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día
dejó cenizas de su sombra fiera?
 
¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.
 
No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,
 
ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

La tarde muerta – Humberto Fierro

Se moría la tarde rosa
de una primavera lejana,
desmayándose temblorosa
en los vidrios de mi ventana.
 
Por mi alcoba cerrada al huerto
y a la carretera tan larga,
pasaba el minuto desierto
con una lentitud amarga,
 
Ya del sol no quedaba ni una
mancha de oro en el infinito.
Yo no he visto cosa ninguna
más triste que ese azul marchito.
 
¡Tanto tiempo! Dije, hace tanto
que declinó esta tarde mustia
con un helado desencanto
y aromada de vieja angustia.
 
Delante de los callejones
bordados de ramas gentiles
Al rimar mis desolaciones
bajo mis canas infantiles.!
 
...Oh, la sentimental pobreza
de los que ni una flor cortamos,
porque fue hostil la maleza
para la prisa que llevamos.
 
De los romeros taciturnos
que fuimos desdeñando todo,
llenos de los cielos nocturnos
que mientes astros en el lodo!
 
Caminos tiene el alma!...¿Fuimos
quizás en busca de un remedio…?
siempre asolados nos rendimos
ante las llanuras del tedio…
 
Y después de soñar ilusos
que el término no estaba lejos,
nos despertamos muy confusos
porque nos encontramos viejos.
 
Ah, quién mirada la dulzura

MARÍA MADRE – Gloria Fuertes

 
La Virgen,
sonríe muy bella.
¡Ya brotó el Rosal,
que bajó a la tierra
para perfumar!

La Virgen María
canta nanas ya.
Y canta a una estrella
que supo bajar
a Belén volando
como un pastor más.

Tres Reyes llegaron;
cesa de nevar.
¡La luna le ha visto,
cesa de llorar!
Su llanto de nieve
cuajó en el pinar.

Mil ángeles cantan
canción de cristal
que un Clavel nació de un suave rosal

Memoria – José Emilio Pacheco

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No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.
 
A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.
 
Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

Villancico de las manos vacías – José María Pemán

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Yo tenía
tanta rosa de alegría,
tanto lirio de pasión,
que entre mano y corazón
el Niño no me cabía...

Dejé la rosa primero.
Con una mano vacía
- noche clara y alba fría -
me eché a andar por el sendero.

Dejé los lirios después.
Libre de mentiras bellas,
me eché a andar tras las estrellas
con sangre y nieve en los pies.

Y sin aquella alegría,
pero con otra ilusión,
llena la mano y vacía,
cómo Jesús me cabía
- ¡y cómo me sonreía! -
entre mano y corazón

La llegada del invierno – Salomé Ureña

Llega en buen hora, mas no presumas
ser de estos valles regio señor
que en el espacio mueren tus brumas
cuando del seno de las espumas
emerge el astro de esta región.
 
En otros climas, a tus rigores
pierden los campos gala y matiz,
paran las aguas con sus rumores,
no hay luz ni brisas, mueren las flores,
huyen las aves a otro confín.
 
En mi adorada gentil Quisqueya,
cuando el otoño pasando va,
la vista en vano busca tu huella:
que en esta zona feliz descuella
perenne encanto primaveral.
 
Que en sus contornos el verde llano,
que en su eminencia la cumbre azul,
la gala ostentan que al suelo indiano
con rica pompa viste el verano
y un sol de fuego baña de luz.
 
Y en esos campos donde atesora
naturaleza tanto primor,
bajo esa lumbre que el cielo dora,
tiende el arroyo su onda sonora
y alzan las aves tierna canción.
 
Nunca abandonan las golondrinas
por otras playas mi hogar feliz:
que en anchas grutas al mar vecinas
su nido arrullan, de algas marinas,
rumor de espumas y auras de abril.
 
Aquí no hay noches aterradoras
que horror al pobre ni angustia den,
ni el fuego ansiando pasa las horas
de las estufas restauradoras
que otras regiones han menester.
 
Pasa ligero, llega a otros climas
donde tus brumas tiendas audaz,
donde tus huellas de muerte imprimas,
que aunque amenaces mis altas cimas
y aunque pretendas tu cetro alzar,
 
siempre mis aguas tendrán rumores,
blancas espumas mi mar azul,
mis tiernas aves cantos de amores,
gala mis campos, vida mis flores,
mi ambiente aromas, mi esfera luz.

El mar – Eduardo Galeano

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!