¿De qué modo te quiero? – Elizabeth Barrett Browning

¿De qué modo te quiero? Pues te quiero
hasta el abismo y la región más alta
a que puedo llegar cuando persigo
los límites del Ser y el Ideal.

Te quiero en el vivir más cotidiano,
con el sol y a la luz de una candela.
Con libertad, como se aspira al Bien;
con la inocencia del que ansía gloria.

Te quiero con la fiebre que antes puse
en mi dolor y con mi fe de niña,
con el amor que yo creí perder

al perder a mis santos… Con las lágrimas
y el sonreír de mi vida… Y si Dios quiere,
te querré mucho más tras de la muerte.

Soneto LII – Pablo Neruda

 Cantas y a sol y a cielo con tu canto 
tu voz desgrana el cereal del día, 
hablan los pinos con su lengua verde: 
trinan todas las aves del invierno.

El mar llena sus sótanos de pasos, 
de campanas, cadenas y gemidos, 
tintinean metales y utensilios, 
suenan las ruedas de la caravana.

Pero sólo tu voz escucho y sube 
tu voz con vuelo y precisión de flecha, 
baja tu voz con gravedad de lluvia,
tu voz esparce altísimas espadas, 
vuelve tu voz cargada de violetas 
y luego me acompaña por el cielo.

Hijo mío – Leopoldo Panero

 Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento, 
hacia la luz primera que torna el alma pura, 
voy contigo, hijo mío, por el camino lento 
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento 
de mi carne, palabra de mi callada hondura, 
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento, 
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada, 
me empujas levemente (ya casi siento el frío); 
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío, 
y a tu amor me abandono sin que me quede nada, 
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.