Presencia – José Emilio Pacheco

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¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día
dejó cenizas de su sombra fiera?
 
¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.
 
No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,
 
ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

La tarde muerta – Humberto Fierro

Se moría la tarde rosa
de una primavera lejana,
desmayándose temblorosa
en los vidrios de mi ventana.
 
Por mi alcoba cerrada al huerto
y a la carretera tan larga,
pasaba el minuto desierto
con una lentitud amarga,
 
Ya del sol no quedaba ni una
mancha de oro en el infinito.
Yo no he visto cosa ninguna
más triste que ese azul marchito.
 
¡Tanto tiempo! Dije, hace tanto
que declinó esta tarde mustia
con un helado desencanto
y aromada de vieja angustia.
 
Delante de los callejones
bordados de ramas gentiles
Al rimar mis desolaciones
bajo mis canas infantiles.!
 
...Oh, la sentimental pobreza
de los que ni una flor cortamos,
porque fue hostil la maleza
para la prisa que llevamos.
 
De los romeros taciturnos
que fuimos desdeñando todo,
llenos de los cielos nocturnos
que mientes astros en el lodo!
 
Caminos tiene el alma!...¿Fuimos
quizás en busca de un remedio…?
siempre asolados nos rendimos
ante las llanuras del tedio…
 
Y después de soñar ilusos
que el término no estaba lejos,
nos despertamos muy confusos
porque nos encontramos viejos.
 
Ah, quién mirada la dulzura