Nocturno – Delmira Agustini

Engarzado en la noche el lago de tu alma,
diríase una tela de cristal y de calma
tramada por las grandes arañas del desvelo.

Nata de agua lustral en vaso de alabastros;
espejo de pureza que abrillantas los astros
y reflejas la cima de la Vida en un cielo…
Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros,
voy manchando los lagos y remontando el vuelo.

A la del amor más triste – Dulce María Loynaz

Tú, que amas un amor fantasma
y que das un nombre a la niebla,
a la ceniza de los sueños...

Tú, que te doblas sobre ti
misma como el sauce se dobla
sobre su sombra reflejada
en el agua... Tú que te cierras
los brazos vacíos sobre el
pecho y murmuras la palabra
que no oye nadie, ven y enséñame
a horadar el silencio,
a encender, a quemar la soledad...

AMANECER – Ángeles Asensio

Llega ya el amanecer...
Y con los claros del día...
de nuevo se puede ver
el bullicio en la masía,
cuando empieza a renacer
un festín de algarabía.

Se dibuja en la colina
los tonos de una paleta
que le da el verde a la encina
y el morado a la violeta,
formando esa bambalina
que adorna cada meseta.
 
¡Y empieza ya el festival
del sol besando a las viñas,
encendiendo en el frutal
-igual que si fuesen niñas-
las uvas como cristal
que adornan nuestras campiñas!
 
Pinceladas de colores
una villa te dibujan
donde sus tiestos de flores
en los balcones se empujan,
mostrando un cuadro, señores…

De imágenes que te embrujan.
Y se viste ya de albor
la aurora, para que empiece
en la cascada del río
ese juego encantador
de agua y sol, que aparece
su arco iris en el vacío.
 
De nuevo el alba nos llega
borrando la oscura bruma
que dejó la noche ciega,
y amaneciendo... Se suma
a tu vida, con la entrega
del sol buscando la luna.

Despedida – Jorge Luis Borges

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

 

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR – Federico García Lorca.

Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas. 


Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!

Claudio Rodríguez – Mientras tú duermes.

Cuando tú duermes
pones los pies muy juntos,
alta la cara y ladeada, y cruzas
y alzas las rodillas, no astutas todavía;
la mano silenciosa en la mejilla izquierda
y la mano derecha en el hombro que es puerta
y oración no maldita.

Qué cuerpo tan querido,
junto al dolor lascivo de su sueño,
con su inocencia y su libertad,
como recién llovido.

Ahora que estás durmiendo
y la mañana de la almohada,
el oleaje de las sábanas,
me dan camino a la contemplación,
no al sueño, pon, pon tus dedos
en los labios,
y el pulgar en la sien,
como ahora. Y déjame que ande
lo que estoy viendo y amo: tu manera
de dormir, casi niña,
y tu respiración tan limpia que es suspiro
y llega casi al beso.

Te estoy acompañando. Despiértate. Es de día.