El poeta pide a su amor que le escriba – Federico García Lorca

 
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

El poeta pide a su amor que le escriba

Gabriela Mistral – Caricia

Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...

Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.

Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar...

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar...

El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar...

Viaje – Alfonsina Storni

Hoy me mira la luna
blanca y desmesurada.
Es la misma de anoche,
la misma de mañana.
Pero es otra, que nunca
fue tan grande y tan pálida.

Tiemblo como las luces
tiemblan sobre las aguas.
Tiemblo como en los ojos
suelen temblar las lágrimas.
Tiemblo como en las carnes
sabe temblar el alma.

¡Oh! la luna ha movido
sus dos labios de plata.
¡Oh! la luna me ha dicho
las tres viejas palabras:

«Muerte, amor y misterio...»
¡Oh, mis carnes se acaban!
Sobre las carnes muertas
alma mía se enarca.

Alma gato nocturno
sobre la luna salta.

Va por los cielos largos
triste y acurrucada.
Va por los cielos largos
sobre la luna blanca.

Carta a Usted – José Ángel Buesa

Señora:
Según dicen ya tiene usted otro amante.

Lástima que la prisa nunca sea elegante....
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.
 
Y me parece injusto discutirle el derecho
de compartir sus penas sus goces y su lecho
pero el amor señora cuando llega el olvido
también tiene el derecho de un final distinguido.
 
Perdón... Si es que la hiere mi reproche... Perdón
aunque sé que la herida no es en el corazón
Y para perdonarme... Piense si hay más despecho
que en lo que yo le digo, que en lo que usted ha hecho.
Pues sepa que una dama con la espalda desnuda
sin luto en una fiesta, puede ser una viuda.

Pero no como tantas de un difunto señor
sino para ella sola, viuda de un gran amor.
 
Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente
al menos al principio, ya no, naturalmente.

Usted será el crepúsculo a la orilla del mar,
que según quien lo mire será hermoso o vulgar.
Usted será la flor que según quien la corta,
es algo que no muere o algo que no importa.
O acaso cierta noche de amor y de locura
yo vivía un ensueño y... y usted una aventura.

Si... usted juró cien veces ser para siempre mía
yo besaba sus labios pero no lo creía.

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante
a quien quizás le jure lo mismo en este instante.
Y como usted señora ya aprendió a ser infiel
a mí así de repente me da pena por él.
 
Sí es cierto... alguna noche su puerta estuvo abierta
y yo en otra ventana me olvidé de su puerta

O una tarde de lluvia se iluminó mi vida
mirándome en los ojos de una desconocida.
Y también es posible que mi amor indolente
desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.

Sin embargo señora... Yo con sed o sin sed
nunca pensaba en otra... si la besaba a usted.
 
Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas
pero ni los rosales dan solamente rosas.

Y no digo estas cosas por usted ni por mí
sino por... por los amores que terminan así.
 
Pero vea señora... que diferencia había
entre usted que lloraba... y yo que sonreía.
Pues nuestro amor concluye con finales diversos
usted besando a otro... Yo escribiendo estos versos.
 

Mi cinturón aprieta tu cintura – Antonio Gala

Mi cinturón aprieta tu cintura,
Y tu sonrisa, mi corazón.

Sobrevolamos las islas indecibles
Ya nuestro paso las nubes se disipan.

¿Cómo regresar al beso y la armonía
Sin que la respiración se entrecorte?

¿Cómo planear la noche compartida
Después de tanta ausencia?

Sólo el aire es aliado nuestro
Porque nuestro deseo es de aire puro.
Cuando descendamos a la tierra

Las alas deberán seguir batiendo:
El aire de las alas
Es nuestro sostén único
Y las alas del aire nuestro lecho.
Desembocan los ríos en los mares azules

Como en tu pecho desemboca el mar.
Abrázame en tus alas
Para que otro aire no me roce
Sino tu aliento, del que vivo y muero.
Bajo el cielo impalpable
Hecho de luz y espera,

Abrázame, amor mío, con tus alas.
Abrázame sobre la corrompida

Ciudad sagrada de los hombres.

El mar lejano – Juan Ramón Jiménez

La fuente aleja su cantata.

Despiertan todos los caminos…

Mar de la aurora, mar de plata,

¡qué limpio estás entre los pinos!

Viento del Sur, ¿vienes sonoro

de soles? Ciegan los caminos…

Mar de la siesta, mar de oro,

¡qué alegre estás sobre los pinos!

Dice el verdón no sé qué cosa…

Mi alma se va por los caminos…

Mar de la tarde, mar de rosa,

¡qué dulce estás entre los pinos!

Piedritas en la ventana – Mario Benedetti

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos
está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.