Quisiera tener varias sonrisas – Concha Méndez

Quisiera tener varias sonrisas de recambio
y un vasto repertorio de modos de expresarme.
O bien con la palabra, o bien con la manera,
buscar el hábil gesto que pudiera escudarme…
 
Y al igual que en el gesto buscar en la mentira
diferentes disfraces, bien vestir el engaño;
y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,
con sutil maniobra, la caricia del daño.
 
Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,
los que pueblan el mundo y se llaman humanos:
siempre el beso en el labio, ocultando los hechos
y al final… el lavarse tan tranquilos las manos.

Muchas gracias – María Zambrano

Muchas gracias;
muchas, muchas gracias.
Qué va. Está muy bien.
Dispénseme, señora.
No hay de qué.
Está completo, pero está muy bien.
Un farsante, un cuentista,
un enterao
—la Place de l’Alma—, un cualquiera,
me da igual.
Cuando usted quiera.
Ah, señora, ¡si usted supiese!
Está bien.
Aquellos buenos tiempos...
Más París es París, y está muy bien.
Aunque no lo comprendo.
L’Étoile, Notre—Dame, Les Champs,
se sabe, ¿por qué no?
Encuentro, encontraré, ¿encontré
ya?
Entonces, apresúrese, vaya.
¿Por qué no?

El amor es como la música… – Blanca Varela

IX
 
El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.
 
Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.

El dolor – León Felipe

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre...
 
He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto, una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
“y la luz con el dolor de tus ojos”.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

Mariposas – Manuel Gutiérrez Nájera

Ora blancas cual copos de nieve,
ora negras, azules o rojas,
en miríadas esmaltan el aire
y en los pétalos frescos retozan.
Leves saltan del cáliz abierto
como prófugas almas de rosas,
y con gracia gentil se columpian
en sus verdes hamacas de hojas.
Una chispa de luz les da vida
y una gota al caer las ahoga,
aparecen al claro del día
y ya muertas las halla la sombra.
 
¿Quién conoce sus nidos ocultos?
¿En qué sitio de noche reposan?
Las coquetas no tienen morada...
Las volubles no tienen alcoba...
Nacen, aman, y brillan y mueren
en el aire, al morir se transforman,
y se van, sin dejarnos su huella,
cual de tenue llovizna las gotas.
Tal vez unas en flores se truecan
y llamadas al cielo las otras,
con millones de alitas compactas
el arcoiris espléndido forman.
Vagabundas ¿en dónde está el nido?
Sultanita ¿qué harén te aprisiona?
¿A qué amante prefieres, coqueta?
¿En qué tumba dormís, mariposas?
 
¡Así vuelan y pasan y expiran
las quimeras de amor y de gloria,
esas alas brillantes del alma,
ora blancas, azules o rojas!
¿Quién conoce en qué sitio os perdisteis,
ilusiones que sois mariposas?
¡Cuán ligero voló vuestro enjambre
al caer en el alma la sombra!
 
Tú, la blanca, ¿por qué ya no vienes?
¿No eras fresco azahar de mi novia?
Te formé con un grumo del cirio
que de niño llevé a la parroquia;
eres casta, creyente, sencilla
y al posarte temblando en mi boca
murmurabas, heraldo de goces,
¡ya está cerca tu noche de bodas!
 
Ya no viene la blanca la buena.
Ya no viene tampoco la roja,
la que en sangre teñí, beso vivo,
al morder unos labios de rosa.
Ni la azul que me dijo: ¡Poeta!
Ni la de oro, promesa de gloria.
¡Ha caído la tarde en el alma!
¡Es de noche... ya no hay mariposas!
 
Encended ese cirio amarillo...
Ya vendrán en tumulto las otras,
las que tienen las alas muy negras
y se acercan en fúnebre ronda.
Compañeras, la pieza está sola;
si por mi alma os habéis enlutado
¡venid pronto, venid, mariposas!

Ella lo dijo en un poema – Miguel Ángel Asturias

Va pasando esta pena,
la pena de la vida,
la pena que no importa,
tú la has sentido larga,
yo la he sentido corta
y aún está distante
la tierra prometida.
A nuestro paso errante
fatal es todo empeño,
toda esperanza es muerta,
toda ilusión fallida...
Yo guardaré tu nombre,
yo velaré tu sueño,
yo esperaré contigo los primeros albores,
yo enjugaré tu llanto cuando conmigo llores,
y cuando ya no quieras que camine contigo
déjame abandonada como un grano de trigo
sobre las sementeras...
¡Déjame para siempre cuando ya no me quieras!

En mi verso soy libre – Dulce María Loynaz

En mi verso soy libre: él es mi mar.
Mi mar ancho y desnudo de horizontes...

En mis versos yo ando sobre el mar,
camino sobre olas desdobladas
de otras olas y de otras olas... Ando
en mi verso; respiro, vivo, crezco
en mi verso, y en él tienen mis pies
camino y mi camino rumbo y mis
manos qué sujetar y mi esperanza
qué esperar y mi vida su sentido.

Yo soy libre en mi verso y él es libre
como yo. Nos amamos. Nos tenemos.

Fuera de él soy pequeña y me arrodillo
ante la obra de mis manos, la
tierna arcilla amasada entre mis dedos...
Dentro de él, me levanto y soy yo misma.

A todos, a vosotros – Pablo Neruda

A TODOS, a vosotros,
los silenciosos seres de la noche
que tomaron mi mano en las tinieblas, a vosotros,
lámparas
de la luz inmortal, líneas de estrella,
pan de las vidas, hermanos secretos,
a todos, a vosotros,
digo: no hay gracias,...
nada podrá llenar las copas
de la pureza,
nada puede
contener todo el sol en las banderas
de la primavera invencible,
como vuestras calladas dignidades.

Solamente pienso
que he sido tal vez digno de tanta
sencillez, de flor tan pura,
que tal vez soy vosotros, eso mismo,
esa miga de tierra, harina y canto,
ese amasijo natural que sabe
de dónde sale y dónde pertenece.

No soy una campana de tan lejos,
ni un cristal enterrado tan profundo
que tú no puedas descifrar, soy sólo
pueblo, puerta escondida, pan oscuro,
y cuando me recibes, te recibes
a ti mismo, a ese huésped
tantas veces golpeado
y tantas veces
renacido.

A todo, a todos,
a cuantos no conozco, a cuantos nunca
oyeron este nombre, a los que viven
a lo largo de nuestros largos ríos,
al pie de los volcanes, a la sombra
sulfúrica del cobre, a pescadores y labriegos,
a indios azules en la orilla
de lagos centelleantes como vidrios,
al zapatero que a esta hora interroga
clavando el cuero con antiguas manos,
a ti, al que sin saberlo me ha esperado,
yo pertenezco y reconozco y canto.

Con diez años de menos – Silvio Rodríguez

Si fuera diez años más joven, qué feliz
y qué descamisado el tono de decir:
cada palabra desatando un temporal
y enloqueciendo la etiqueta ocasional.
 
Los años son, pues, mi mordaza, oh mujer;
sé demasiado, me convierto en mi saber.
Quisiera haberte conocido años atrás
para sacar chispas del agua que me das,
para empuñar la alevosía y el candor
y saber olvidar mejor.
 
Esta mujer propone que salte y me estrelle
contra un muro de piedras que alza en el cielo.
Y como combustible me llena de anhelos,
de besos sin promesa y sentencias sin leyes.
 
Esta mujer propone un pacto que selle
la tierra con el viento, la luz con la sombra.
Invoca los misterios del tiempo y me nombra.
Esta mujer propone que salte y me estrelle.
 
Sólo para verle,
sólo para amarle,
sólo para serle,
sólo y no olvidarle.
 
Con diez años de menos, no habría esperado
por sus proposiciones y hubiera corrido
como una fiera al lecho en que nos conocimos,
impúdico y sangriento, divino y alado.
 
Con diez años de menos, habría blasfemado
con savia de su cuerpo quemaría los templos
para que los cobardes tomaran ejemplo.
Con diez años de menos, hubiera matado.
 
Sólo para verle,
sólo para amarle,
sólo para serle,
sólo y no olvidarle.

Desgarrada la nube; el arco iris – Antonio Machado

Desgarrada la nube; el arco iris 
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto.

 Desperté. ¿Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.

 ...¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris!
¡el agua en tus cabellos!...

Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.

La enamorada – Alejandra Pizarnik

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.  

hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

Yo soy un hombre sincero – José Martí

Yo soy un hombre sincero 
De donde crece la palma, 
Y antes de morirme quiero 
Echar mis versos del alma. 

Yo vengo de todas partes, 
Y hacia todas partes voy: 
Arte soy entre las artes, 
En los montes, monte soy. 

Yo sé los nombres extraños 
De las yerbas y las flores, 
Y de mortales engaños, 
Y de sublimes dolores. 

Yo he visto en la noche oscura 
Llover sobre mi cabeza 
Los rayos de lumbre pura 
De la divina belleza. 

Alas nacer vi en los hombros 
De las mujeres hermosas: 
Y salir de los escombros 
Volando las mariposas. 

He visto vivir a un hombre 
Con el puñal al costado, 
Sin decir jamás el nombre 
De aquella que lo ha matado. 

Rápida, como un reflejo, 
Dos veces vi el alma, dos: 
Cuando murió el pobre viejo, 
Cuando ella me dijo adiós. 

Temblé una vez, —en la reja, 
A la entrada de la viña— 
Cuando la bárbara abeja 
Picó en la frente a mi niña. 

Gocé una vez, de tal suerte 
Que gocé cual nunca: —cuando 
La sentencia de mi muerte 
Leyó el alcaide llorando. 

Oigo un suspiro, a través 
De las tierras y la mar, 
Y no es un suspiro, —es 
Que mi hijo va a despertar. 

Si dicen que del joyero 
Tome la joya mejor, 
Tomo a un amigo sincero 
Y pongo a un lado el amor. 

Yo he visto al águila herida 
Volar al azul sereno, 
Y morir en su guarida 
La víbora del veneno. 

Yo sé bien que cuando el mundo 
Cede, lívido, al descanso, 
Sobre el silencio profundo 
Murmura el arroyo manso. 

Yo he puesto la mano osada, 
De horror y júbilo yerta, 
Sobre la estrella apagada 
Que cayó frente a mi puerta. 

Oculto en mi pecho bravo 
La pena que me lo hiere: 
El hijo de un pueblo esclavo 
Vive por él, calla y muere. 

Todo es hermoso y constante, 
Todo es música y razón, 
Y todo, como el diamante, 
Antes que luz es carbón. 

Yo sé que al necio se entierra 
Con gran lujo y con gran llanto,— 
Y que no hay fruta en la tierra 
Como la del camposanto. 

Callo, y entiendo, y me quito 
La pompa del rimador: 
Cuelgo de un árbol marchito 
Mi muceta de doctor.

Paloma ausente – Violeta Parra

Cinco noches que lloro
por los caminos,
cinco cartas escritas
se llevó el viento,
cinco pañuelos negros
son los testigos
de los cinco dolores
que llevo adentro.
 
Paloma ausente,
blanca paloma,
rosa naciente.
 
Paso lunas enteras
mirando al cielo
con un solo deseo
en el pensamiento:
que no descienda herida
mi palomita,
la que viene fundida
a los elementos.
 
Dice un papel escrito
con tinta verde
que teniendo paciencia
todo se alcanza.
Una que bien la tuvo
salió bailando
de su jardín al arco
de las alianzas.
 
Una jaula del aire
viene bajando
con todos sus barrotes
de calamina.
Todos los pajarillos
vienen trinando,
sin embargo, distingo
a mi golondrina.
 
Voy a ponerme un traje
de mariposa
mañana cuando llegue
mi palomita,
en los dedos banderas
de tres colores
y en las pestañas miles
de candelillas.

¿De dónde soy? – Sheni Basel

A veces me pregunto
de qué lugar soy,
hasta que una voz volátil
me susurra una respuesta:
 
"Eres de la tierra que pisas,
del aire que exhalas,
eres del fuego que avivas,
de las perlas de agua en tu mejilla.
 
Eres de los míos, de los suyos,
soy tuyo porque me lees
sin más frontera que un susurro
entre tus dedos, y mi sed".